Martes
19 de Mayo de 2026
DESARROLLO SOCIAL
4 de septiembre de 2023
CADA día son más las personas que se venden al mejor postor y no al mejor pastor. Hoy digo una cosa, mañana otra.
Muchas personas que no tienen confianza en si mismas para defender sus criterios y opiniones, renuncian a ser libres, e hipotecan su vida y sus comportamientos, condicionadas por lo que que puedan pensar los demás.
Aunque resulte duro decirlo son personas sin vida propia porque dependen del comportamiento de los demás. Vivir para agradar a los demás es no vivir. Es esperar que nos den sus migajas y es una garantía de sufrimiento. Cada vez hay más personas sin vida propia. Nos referimos a personas que no confían en sí mismas, con baja autoestima que no creen en ellas y que han renunciado a ser dueños de sus emociones. Les han dado a los demás el poder de su bienestar o desdicha más profunda.
¿Cómo son estas personas?
No parecen tener criterio propio. Son como veletas y no tienen impulso personal. Solo aspiran a caer bien y tienden a dar pena. No se puede confrontar ideas con ellas, no aportan y solo viven pendientes de lo que tú haces, dices u opinas. Se convierten en una carga, una mochila de la que desprenderse.
¿Cómo se puede salir de una situación así?
Para creer en nosotros hay que llenarse de energía positiva. Amarse a uno mismo es el comienzo de un romance con la vida. No es cuestionarnos lo que hacemos, llenarnos de inseguridad. Es tener paciencia y generosidad para tratarnos bien. Superaremos la dependencia cuando nos centremos en sentirnos bien, valoremos nuestros esfuerzos y seamos una persona única e irrepetible. Ese día valoraremos lo que hacemos y tendremos entidad propia pero no será fácil.